7 de marzo de 2011

LO OCULTO BAJO EL ATRIO


           El “clon” del gallo, nuestro vigía medieval en la torre de San Isidoro, va a tener oportunidad de vigilar desde su alta atalaya las obras del atrio. En tanto nosotros tras las vallas o barreras, ¿tendremos que esperar los informes póstumos?, ¿O nos irán diciendo día a día cosas sobre las sorpresas encontradas? A lo mejor se queda todo en expectativa, y pasa a engrosar las decepciones, como el resultado final del trabajo “científico” sobre los huesos reales del Panteón.

Parece, según podemos leer en los medios escritos, que la Junta y el Cabildo están dispuestos a levantar el pavimento del Atrio. Y hacerlo paralelamente en el tiempo, con la limpieza exterior del templo para restaurar y recuperar esplendor.  Es razonable. Rebajar el nivel de éste, aun cuando se rompa la norma de estar a un nivel superior al de la calle, está bien, para evitar barreras arquitectónicas, pero, ¿qué se va a hacer con lo que oculta el Atrio de San Isidoro?
¿Acaso estará el templo pagano dedicado por los romanos al dios Mercurio? ¿O tal vez los restos de un palacio real?
No importa tanto saber hoy lo que se pueden encontrar, como tener un plan protocolizado a tenor de los resultados arquitectónicos hallados. Puede que documentar y volver a cegar con tierra nuestra historia, como en Palat de Rey hicieron, ni sea aconsejable ni permisible. Lancia, en la distancia, también clama por su conservación.  Ni una autopista ni un nuevo enlosado de la entrada del templo, deben ocultar o maltratar nuestra historia.

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