23 de marzo de 2014

Adolfo Suárez, el héroe de la Transición

Mi homenaje al expresidente, Adolfo Suárez, pasa por traer aquí una página que ya forma parte de unos recuerdos, en plan memorias leonesistas, que tengo en elaboración.



Se corresponden con la manifestación leonesa como rechazo popular al “tejerazo” fallido. He aquí el relato:

Aquella tarde de febrero de 1981, los ciudadanos españoles de a pie, en modo alguno esperaban que un grupo de guardias civiles, a la 18,22 horas, al mando del teniente coronel Antonio Tejero Molina,  entraran armados en el Parlamento de la nación, para tomar la sede, en espera de la autoridad, “militar por supuesto”, que se hiciera cargo del gobierno de la nación. Vamos un golpe de Estado en toda regla.  Se estaba votando, en ese momento, la investidura de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.




Recordaba, y bien, Aurelio, que Adolfo Suárez, había dimitido el día 29 de enero, pues, en el trabajo habían tenido una controvertida polémica respecto a este ex falangista, providencial para llevar a buen término la implantación de la democracia, dando la cara,  dialogante, y con la suficiente audacia para deshacer previamente todo el aparato franquista. Todo lo cual no quiere decir que no hubiera otros, más o menos en la sombra, incluso con más capacidad de decisión, que le eligieron y reforzaron, como Torcuato González Miranda.

Ésta era la tesis que él defendía, no sin dejar de reconocer como cierto que en el Movimiento, aparato político más franquista que Franco,  pudieran emerger voces tildándole de traidor…claro,  desde el punto de vista de los fascistas, que Adolfo hubo e controlar, convencer y desmantelarlo mediante decreto que firmó con decisión.

Martín Villa, primero nuestro azote autonómico, luego nuestro verdugo, sordo de conveniencia para no escuchar al pueblo leonés,  apenas hacía un año nos había cerrado la puerta a la elección de destino autonómico con sus “razones de estado”,  en aquellos momentos del golpe ostentaba la cartera de Administración Territorial.  Estaba, como miembro del gobierno, presente en el Parlamento, y en tanto se tiraba al suelo, como casi todos, en improvisada respuesta a los disparos de los guardias civiles, dicen que exclamó: ¡Vaya, hombre, otra vez Tejero!


Suárez no se echó al suelo, no se dejó intimidar por los disparos, aquellos guardias que disparaban, como institución estaban a sus órdenes,  así se lo lanzó de viva voz a los civiles. En él estuvo representado el orgullo de los españoles.  Rechazo pleno a la involución.

Al igual que todos los españoles, los leoneses, dotados ya de un ligero entrenamiento en los clamores colectivos por su autonomía, salieron a la calle el 27 de febrero a las 7 de la tarde para demostrar en manifestación pública que la democracia había vencido a la regresión. 

No importaba la lluvia amenazante, ni lo  gris de la tarde  en consonancia con el oscuro suceso de los días 23 y 24, cuando entraron en el parlamento unos guardias civiles reclutados en distintos servicios, esgrimiendo la fuerza de las armas  y haciendo llover tiros intimidatorios, queríamos demostrar en la calle, que estábamos tratando de conservar la libertad que en democracia estábamos ganando.

 La climatología no nos podía arredrar,  así lo comentaba Aurelio cuando en el frío atardecer remataba el día,  y empezaba la manifestación a recorrer las calles céntricas en defensa de la Libertad, la Democracia y la Constitución, tal como rezaba la pancarta.

En la plaza de Regla, cerca de la Virgen Blanca situada en el parteluz del pórtico occidental de nuestra Catedral, un doctor leonés, Fernando Salgado, en aquel entonces  director  de la Residencia de la Seguridad Social, bautizada con el mismo nombre: “Virgen Blanca”, finalizada la marcha, se disponía a cerrar el acto leyendo un manifiesto.

Bajo “la pertinaz” lluvia desluciendo el momento, pero tratando de lavar con sus finas gotas culpas ajenas, los asistentes en respetuoso silencio pudieron escuchar su discurso final,  emocionado, sincero y rotundo, dirigido al pueblo, “no como mero espectador, sino como protagonista de su historia que aquí mostraba su deseo de vivir en libertad y en democracia… ”  Los vivas a la Constitución, y a la democracia, contestados por la muchedumbre asistente, con emotiva espontaneidad, era el mejor de los augurios para el ¡viva España! final, lanzado al aire leonés con vigoroso énfasis por los participantes, seguido de aplausos como el mejor  de los colofones. 

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