17 de noviembre de 2020

Una Mesa y una alcantarilla

Sobre la  Mesa por León,  que ya suena a remoquete, compuse un escrito de opinión que me publicó el Diario de León y hoy  repito en mis páginas personales.


“Estas que fueron pompa…” expresión rimada que me temo  va a ser bastante útil rescatarla del soneto de Calderón al hablar de la Mesa por León, ¡la penúltima! porque ha habido otras…  y aludir a ese León, bueno a los leoneses; en ilusoria espera de bienestar social siempre, que,  en lo autonómico, el poder castellano lejos de arreglarlo se empeña en hacernos ver la  “levedad de ser leonés”. Con este  título entrecomillado, Diario de León publicó  en 2004 mi opinión, y a él remito al lector interesado: 

https://www.diariodeleon.es/articulo/tribunas/la-levedad-de-ser- leones/20040305000000705337.html  

Con relación a la Mesa actual, hasta ahora suma de múltiples miembros y palabras que pretenden nos suenen a buenas intenciones, hemos podido leer que  la Profesora Humildad Rodríguez, ha sido nombrada directora de la que han llamado  Agencia de la Mesa por León.  Me suena a pompa como ya dije, y añado, no se entienda orgullo de la aquí citada,  tómese como vana burbuja de jabón, un continente inestable, envoltorio de un contenido “en estudio”, que mucho me temo  acabará su efímera presencia ante el menor de los obstáculos.  

No voy pues a hablar directamente de la persona, la catedrática de biología en La ULE, otrora concejala del Ayuntamiento legionense con el PSOE, como independiente,  sino sobre el puesto: Directora de la Agencia. ¿Debemos entender que para lo burocrático hay personas encargadas, pasantes o agentes gestores a sus órdenes directas?  Recibir proyectos y “facilitarlos”  es su cometido, nos dice en una entrevista publicada en este medio.  ¿Supone esto  que han de llevar su visé, o que ha de seleccionar los mejores que supuestamente recibirá desde los “tres” foros de debate?  A saber: Uno tocante a lo social, otro municipal o de los Ayuntamientos y el empresarial.

Algunos “Foros” y la Moderadora, en un tanto monta… anuncian “consensuar la metodología de trabajo”.  La parte empresarial, a bote pronto, parece querer asumir la elaboración de un plan estratégico,  esperemos que cumplan con amplio criterio, sin ellos falta sostén para la mesa, lo que, si hablamos de estabilidad, en sí no es un mérito,  deben ser algo más que una pata, más bien una columna, a cada uno lo suyo; siempre que no estén bajo el sometimiento de la Junta en un amén insoportable.

Y  por qué digo esto,  sencillamente porque entre ellos estará el “infiltrado” juntero, esto es, un representante de la Junta, la que tratará de presentarse como promotora y dadivosa en caudales, que nunca son  un regalo, también son nuestros, ni siempre llegan en tiempo y forma, y su delegado actuara como espía y “guardafrenos”,  un no menor obstáculo para  que aquélla, la burbuja, explosione y se desvanezca.  Por supuesto no faltarán tampoco los colaboracionistas.

Quienes me leen, aunque sea ocasionalmente, saben que los asuntos económico e industrial etc., o son mi fuerte; mi pasión, motor y letra, va por lo social e identitario de modo especial en connotación con la Junta. Para la ocasión  me pregunto: el “foro social”, en el que, entre otros, parece estar situada la ULE por derecho propio, también los sindicatos, nosotros, los de a pie, los culturalmente leoneses, ¿Qué voz tenemos? Ahí queda formulada la pregunta para la directora de la Agencia.

Al gran público, lo digo por amplitud numérica no por preponderancia, le hace falta saber, ya desde los primeros compases,  quiénes componen el  definitivo “comité de expertos”. La información no vale sólo la del “tablón de anuncios”; conocer la relación de personas y sus campos de actuación nos puede aportar tranquilidad.  

La pandemia, grave inconveniente, no está en el origen de nuestra depauperada situación económica, se ha añadido. Sí lo están instituciones supraprovinciales, como la autonómica que lejos de ayudar, distribuir bien, centraliza y anula, al tiempo que se apropia de nuestros potenciales recursos. Y en el gobierno de la nación no tenemos voz defensora, ni contamos, ni se nos valora.   

Sobre los Ayuntamientos, otro importante foro,  y también de su decisión autonómica, escribiré  en otro momento; para entonces me habré de enterado si las asociaciones de barrios capitalinos manejan información y tienen presencia.  

Saleal, la empresa de la que sabe bastante, supongo, Humildad Rodríguez,  desde su etapa de concejala de Medio Ambiente, y la controlaba, nos acaba de sorprender a los leoneses capitalinos con “medio león” humillado, tragado o surgiendo de una alcantarilla,  ¡vaya metáfora!:  el  tapón para que no se nos vaya por ella la Mesa.

Para la Agencia, y los componentes de la Mesa, el León que tras ésta se cita, ¿es el provincial?  ¿Lo ven como provincia sometida al ente autonómico, o formando parte de una región triprovincial que se ha de reivindicar? Porque alguien extraño a nuestros bienes,  se está descaradamente  aprovechando de nuestros recursos, dada la indolencia de nuestros políticos,  que, como perversión, lleva incorporada nuestra culpa por delegar en ellos. 

Sin dejar en olvido lo antedicho,  “Primum vivere…”  Espero que el fin de la pandemia y el esperado reflote económico, no nos coja aún desguarnecidos, por ello: Mesa  por León ¡adelante!... pero no hasta el punto de que tengamos que comernos en ella la propia  estampa. 

19 de octubre de 2020

Un león cualquiera NO.

 Nuestro amigo Barreñada ha sabido captar en perspectiva real,  el rey sobre pedestal y el símbolo de un pueblo  (aquí en León son indisociables animal y simbología) nuestro león en el sumidero...






Publicado en ileon.com

El León y el sumidero

Impotencia, tirando de altivez, puede.  Orgullo…  y lo que hay que tener, seguro.  Lo malo es que esto último, la parte reproductora del “León” se quedará de por vida en el sumidero de la ciudad, allá por donde las aguas se llevan los residuos. Y esto duele y huele.  Antes de continuar debo dejar dicho que no conozco al artista o artistas, ejecutores de la obra: “el león y el sumidero”, me permito titularla sin menosprecio alguno, ni entro a valorar su capacitación creadora artesanal o artística, pero sí  lo hago interpretando lo que me sugiere, en cuanto al manejo de lo simbólico, del mensaje que a su obra hayan pretendido incorporar, que aquí no sólo no lo veo en positivo, molesta su abatida imagen,  y a mí me duele.



Hablo, pues,  y escribo, sobre su obra, que tal como la veo e interpreto, siendo leonés, no  la “entiendo como aceptable”. ¿Por qué un animal leo?  ¿A quién representa?    Nuestro símbolo no puede surgir de las cloacas, ni aun tirando, el animal,  de orgullo gastando unas supuestas últimas fuerzas. Y nosotros de comprensión interpretativa. Sugiere que alguien lo había humillado previamente, que alguien  trató de evacuarlo de mala manera. Voluntario nunca hubiera ido cloaca a bajo, no se alimenta de basura, ¡caza!  

En  nada ayuda a nuestro ánimo interpretativo, por más enfadada que parezca su melenuda testa, o en lo gestual de sus mandíbulas poderosas, y mucho menos alivian su patas delanteras, sus garras bien unguladas y temibles antaño, que, para la ocasión, bastante hacen con intentar mantenerlo en dignidad enhiesta.  Parece estar acodado, para sostenerse en el suelo, mostrador, de la vida leonesa.

Su orgullo, no lo veo representado en el supuesto rugido que pueda salir de sus fauces.   Sinceramente esto me acongoja como leonés. Nuestro “león”, blasón y símbolo, en su “pasar”  lo es de un  territorio, un pueblo,  o rampante de una ciudad, en este caso en la que aparece, sí, sí, una vez retirada una tapa de alcantarilla, para mostrárnoslo en un intento de “salida perenne”... sin posibilidad de hacerlo, y esto puede resultar hiriente.

Sacarlo de las cloacas por imprescindibles que éstas sean, y lo son, no va con la condición del león, León y lo leonés, no es buena solución, es un animal  que así puede dejar de “matarnos de amor”, confundir nuestra entrañable verdad leonesa,  y sí tender a nuestra desmoralización. Su impotencia no puede ser nuestro “mañana” digno.  ¿Estoy magnificando la obra? Puede. Mas esto no es consuelo. 

Lo confieso, no he visto tal obra más que en fotos, pero las hay en abundancia, mi razón es estar lejos de nuestra tierra, pero en la imagen que en este medio he podido contemplar, en el supuesto rugir de sus fauces, éstas, más que amenazantes, las veo como arrugas dolorosas en el animal, fiereza impotente, sufrimiento, aunque en el intento de erguirse haya un punto de orgullo

Otra cosa es que, Saleal, gestor de nuestras aguas en León capital, agradecido por los contratos firmados, quisiera devolvernos en forma de regalo, algo que no fuera efímero, se pudiera mostrar de continuo, tal como una imagen, una estatua, un ser de fábula. En cuyo caso, si se hubiera abierto un turno de proposiciones, personalmente hubiera optado, por la misma idea, salir de una alcantarilla la devolución generosa, pero en forma, por ejemplo, de un topo gigante, un  fantástico ser subterráneo,  descendiente directo de aquél, que, nocturnamente, se afanaba en destruir la obra que los canteros hacían cada día para elevar a los cielos la Catedral, nuestra Pulchra Leonina.  Sé que es más fácil criticar, aunque sea en positivo,  que crear. A la vista de las cosas, de los acontecimientos, resulta hasta fácil elucubrar. Ante la obra en estudio, no he podido menos que mostrar mi discrepante parecer. 

6 de octubre de 2020

Luis García Zurdo

 

La bonhomía una excelente cualidad en un artista de callado hacer, el tiempo ha elevado a encomiable el mérito su obra. Pero que no se ha ido sin elogios, en vida, que es cuando proceden, ni reconocimientos artísticos y humanos...alguno recibió, pero costó.


En septiembre de 2001 dije en un escrito a él dedicado en La Crónica de León:

 

ZURDO,  LEONÉS Y ARTISTA

Con Luis García Zurdo, se pone claramente de manifiesto la dificultad que entraña “ser profeta en la propia tierra”.

Desde mi posición de sencillo lector, eso sí consumidor preferencial de aquello que se relaciona con nuestra cotidianeidad leonesa, no me inquieta decir que, a pesar de ello, en el tema vidrieras de nuestra Catedral, hasta ahora lo único que tengo claro es que la Junta Autonómica con su protagonismo centralizador, se destaca como la máxima responsable.  Por supuesto no del deterioro de aquéllas, claro está, sino porque el programa de actuación protocolaria en la conservación de tan delicados vitrales leoneses, o no funciona, es más político que técnico, o ¿no existe?



El Taller de Reparaciones, y ¡Estudio!, está cerrado. Si Zurdo, máxima autoridad leonesa en la materia, ha venido informando, y mantiene lo dicho sobre el gravísimo estado de muchos vitrales, ha de saberse quién ha tomado la decisión de olvidarlo dando el cerrojazo económico en tan laudable como imprescindible obra e idea restauradora. Si la continuidad del ejemplar taller, a pie de obra, en la propia Catedral, depende de los presupuestos del ente, en éstos ha de contemplarse la dotación anual pertinente para ello.  O,  ¿eluden políticamente la continuidad mensual y apuestan por habilitarlo sólo en “pudiembre”?, esto es, en el mes que se “pueda”.

 Patrimonio, así en abstracto es como lo nominan, al parecer es la institución u organismo autonómico que debe saber y velar comunitariamente por lo patrimonial artístico y monumental de los leoneses y de los castellanos.  Ignoro quiénes son los componentes, políticos y técnicos, su número y sus funciones; mediáticamente hasta ahora nadie les ha citado por sus nombres y cargos. Mas, por qué no ir a lo racional: demandemos competencias y presupuesto, en León no sólo estaríamos dispuesto a afrontar el reto, sino que nos haría recobrar la autoestima, hoy por los suelos.

García Zurdo, director in pectore del taller de restauración, sin remuneración alguna; intitulándose, con su conocida sobriedad y sencillez, asesor, ha manifestado que nunca ha cobrado dinero por esa función. Y está corroborado. Eso no le exime de responsabilidad, y él lo sabe y cumple, de ahí su “cabreo” cuando no se le escucha. Es evidente, señores políticos patrimoniales, que si decidió en su día asumir tal responsabilidad y fue aceptada, todo cuanto él proponga dentro de la línea artística y técnica, aunque sea bajo mínimos, dentro de un programa estudiado y asumido ha de ser respetado por ustedes:  Patrimonio.

García Zurdo, ni clérigo ni político, pintor y artista vidriero, paisano leonés, metido por vocación profesional a redentor de lo nuestro, denunció que el cierre del Taller de Restauración y Conservación era una ignominia, pues goza de cualificación internacional; además, “parar” a sus expertos profesionales supone un peligro real para nuestras vidrieras, que necesitan restauración continua y sin pérdida de ritmo, señalando  a la Junta como culpable, por lo de los dineros y el olvido.

D. Luís Aznar, delegado en León de la Junta, cabeza visible y presidente de la Comisión Territorial de Patrimonio, no tardó en contestar al señor García Zurdo.  Para mí, ciudadano de a pie, fue más bien una réplica que  una aclaración informativa como la que merecemos los leoneses,  y en ella, lo dicen los medios, acusaba al Maestro Vidrierista de ser el culpable, “ya que hasta ahora las prioridades de intervención las ha marcado Luis García Zurdo”, dijo. No es así, Zurdo lo ha dicho y abandona herido.  Y, me pregunto ¿acaso no será que temen en el poder que León se consolide y pase a ser el referente autonómico en la materia? 

En el tema intercurrente: vidrieras prestadas para una exposición. Con polémica entre Cabildo y Patrimonio, ha pillado en medio, o cuando menos salpicado al artista Zurdo. El contrapunto lo ha puesto el director del Museo de la Catedral, D. Máximo Gómez  Rascón,  al manifestar  que esto “ no es más que el principio...”.  El que sabe, sabe...  el no informado es el pueblo.

   

24 de agosto de 2020

Autonomía Región Leonesa

        



   



                  

                



 Mi frase a modo de entradilla

 Siempre lo he entendido así: La Autonomía de la Región Leonesa tiene un precio que va  aumentando  a   medida de que nuestro amarre autonómico con retazos de Castilla...  dura y ...           








                     David Díez Llamas. Dixit:


El precio de la libertad y la autonomía de la Región de León

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 Libertad sin ira…

Estando de pleno en el mismo sentimiento leonés que rezuma David, nuestro sociólogo de cabecera,  leonesista de gran afianzamiento racional y anímico, me voy a permitir mostrar sobre lo que nos ha dicho “hoy” bajo el epígrafe del  “precio de la de libertad”, algunas consideraciones, reflexiones más bien, haciéndolo desde la mejor idea de libertad  y amistad.  Y no por, sino a propósito de.

Tras manifestar mi creencia  de que ser  leonés,   es algo único, ni mejor ni peor, sí propio e intransferible, y fruto de ello un sentimiento llamado leonesismo,  añado que,  a duras penas es  reconocible con fulgor hoy ese “ser leonés”, en un pueblo en “horas bajas”, que pugna por seguir siendo identificado como tal,  y que, más o menos consciente de ello, sigue un viaje depauperante al que no acierta a poner freno. 

Tenemos libertad para seguir identificándonos como leoneses, SÍ; compromiso popular compartido para ello, en el sentido más lato, pues NO. Fallamos nosotros, el pueblo, y sobre todo ¡los políticos!, que hacen caso omiso del respeto que nos deben, y nos escamotean libertad, en la medida que, sin consulta alguna,  se arrogan nuestra propia capacidad de decidir, que debe ser sagrada e intransferible.

Un pueblo o si prefiere una ciudadanía que se ve obligada de continuo, si no quiere desparecer,  a explicar que  es  “ser leonés”, evidente ha estado, y está,  permitiendo que alguien, dada la propia dejación o simple desmayo de nuestra personalidad, por usurpación de poder, le marque una ruta recortando libertades, y aunque no renunciemos a ellas, especialmente en el plano personal, si no se vindican al unísono, es que falta diálogo y falla la conexión  popular.    

Si nos ceñimos a los  leoneses del territorio provincial por sentir ese gentilicio como vivo  perenne e intocable, por aquello de que soy leonés puesto que soy de León, y no admite engaño ni duda, estamos manteniendo el tipo, haciendo patente que lo leonés  tiene presencia anímica, cultural y vivificable.

Cuestión a parte son las otras dos terceras partes, sin cuantificar, Zamora y Salamanca, que si se sintieron región leonesa,  con deseo de compartir territorio e  identidad, mi percepción de hoy es que  tan sólo un leve movimiento popular mantiene el fuego sagrado del “no me quiero olvidar”.

La triprovincialidad es algo a compartir, desear y conseguir entre  tres como el propio prefijo indica. Es lo que nos queda: La región leonesa,  como  heredera y representante  de lo que fue un Reino.  ¿Hemos  dejado de compartir cultura cuando la historia se empezó escribir en Moderno?, no faltan quienes así lo aseguran. Si desaparece la región, el Reino es papel, es letra,  es historia. En cuya orla podemos aparecer, pero como  algo que fue. ¿Queremos eso?  ¿Estamos dispuestos a tolerarlo? Opino que no. La pregunta final es  ¿qué hacemos para evitarlo?

No hay unidad de pensamiento triprovincial, pero no debemos rasgarnos las vestiduras por ello, todo se recupera, todo se reinicia, cuando las voluntades se aúnan.  Mas, no es esperable el mismo empuje  en cada una de las partes dispuestas a componer un todo. Sin ahogar diferencias, prima el ahuyentar recelos. Alguien ya ha puesto la primera piedra, o mejor la mantiene activa en el ámbito sociocultural, la “reivindicación ciudadana” tiene la palabra.

 “Décadas después de que la Región Leonesa se haya integrado en la Comunidad de Castilla y León el debate permanece. Los leoneses siguen resistiéndose a pesar de todo a perder su libertad e identidad”. Lo afirma David y lo ratificamos en especial los leonesistas, pero no exclusivamente; pues, desde el propio “ser leonés”,    “poder y libertad” para ello existe,  la cuestión es si estamos en condiciones de aplicar, mayoritariamente, ambas cosas.

Desde la historia que otros nos han escrito, siglos atrás, a la que hemos venido añadiendo pasajes de tolerancia, permisividad y silencio de moderno cuño, se siembra confusión, incluso entre los de casa.

“Nuestros políticos”, pues desafortunadamente  lo son en tanto depositamos en ellos la representatividad, nos cierran por mandato partidista caminos de expresión, y osan manejar nuestra “libertad” de ser leoneses. Comunitariamente casi lo logran. La regionalidad leonesa ni la contemplan. No son más coercitivos, en principio porque no pueden, pero usan el truco de decir una cosa y hacer otra, llevando en la misma mano  los conceptos libertad y permisión de expolio.