6 de abril de 2016

El Procurador del Común

Ya han nombrado veedor oficial en el ente  (20/12/1994)

En modo alguno tómese este título como signo de animosidad hacia la persona y menos aún en detri­mento del cargo; es precisamente el Ente lo «único» que nos cuesta trabajo “digerir”, autonómica­mente hablando, al igual que a otros muchos leoneses.

Tampoco ha de tomar el nomi­nado estas líneas, si se para a leerlas, como lección, consejo o aviso; no osamos tal cosa, sola­mente la condición de leonés, sufridor autonómico, nos empuja a redactar este escrito, que pudiendo sonar a petición o súpli­ca, es simplemente un canto rei­vindicativo de cisne herido.

Así pues, nos dirigimos públi­camente -sólo en la medida que este escrito tome tal carácter, al ser publicado por La Crónica 16­-  al recientemente nombrado Pro­curador del Común, Manuel B. García, cuando lanzamos al aire leonés estas reflexiones reivindi­cativas que giran en torno de la Identidad Leonesa, y sólo en el caso de que él lo estime así, podrán catalogarse éstas como «carta abierta».

La Identidad Leonesa desde la adscripción de nuestra región al Ente que encabeza Valladolid está sufriendo un grave deterioro en sus dos grandes pilares: per­sonalidad y territorialidad.

Los políticos que dicen repre­sentamos en el Ente no parecen entenderlo así por razones obvias del cargo, y permiten un sin fin de agresiones a todo lo leonés. El pueblo, con excelente criterio, mediante la potenciación de las tradiciones y costumbres, enten­didas como cultura popular pro­pia e intransferible, intenta afian­zar esa identidad que «propios»y extraños tratan de anulamos.

Es bueno, aquí y ahora, recordar que al pueblo leonés se le privó de un referéndum, anunciado y prometido, consultándole el deseo autonómico de ir con, o sin Cas­tilla. El deseo mayoritario de ir autonómicamente solos se hizo patente en las calles leonesas mediante generosas manifestacio­nes.

Usando sistemáticamente la titulación política: Procurador del Común de la Comunidad Autó­noma de Castilla y de León; estarán tácitamente, desde esa nueva ins­titución pro-ciudadanos, prote­giendo la territorialidad diferenciada leonesa. Esto es, no sustituyendo Comunidad por Región como hacen los políticos del Ente. No tratando de imprimir el sello de la singularidad territorial a este Ente plural, al conformarIo dos regiones históricas, estarán cui­dando el derecho de los leoneses a permanecer como tales.

A ningún pueblo se le puede exigir que reniegue de su tierra.
Si el Procurador del Común piensa que el León que adscri­bieron políticamente al Ente, no era y es, una Región; estará situándose a espaldas del pueblo leonés. Imposible es ignorar a estas alturas que ese sentimiento de territorialidad es de siempre y anida en el corazón de los leoneses.

Pocas cosas como el uso rei­terado del adjetivo compuesto, castellano-leonés, con o sin guión intermedio, aludiendo a los habi­tantes de León y de Castilla en irreal coyunda, puede dañar más a nuestra personalidad leonesa. Desde el Ente se preconiza tal aplicación a sabiendas del daño que se nos infringe; para que prenda en el pueblo llano y con su inocente remedo dar sensación de unidad donde sólo hay vecin­dad.

 Hace pocas fechas, y valga de sencillo ejemplo, pudimos leer en la prensa local, en un artículo de persona afín a la cátedra del hoy Procurador del Común, cómo a los habitantes de Castilla y de León se nos amancebaba, una vez más, llamándonos «ciudadanos castellano-leoneses». En esta oca­sión, y teniendo en cuenta la cita­da posible proximidad al cargo, nos ha preocupado especialmen­te.
Desconocemos que hayan pedi­do permiso a los leoneses para trastocar su histórica denomina­ción, fundiéndola y confundién­dola autonómicamente con la de otro pueblo.
Nadie puede imponer a este noble pueblo que renuncie a su personalidad.

Dudamos que el Procurador del Común comparta la idea polí­tica de hacer borrón y cuenta nueva de la personalidad leonesa.

Los que han tomado las «trein­ta monedas» no están muy lejos. Este noble pueblo ha sido entre­gado maniatado por unos pocos políticos leoneses (?), a un Ente que, amén de dejamos huérfanos de instituciones autonómicas, tra­ta de fundimos con otro territorio y otro pueblo, con total depen­dencia y feroz centralismo.

La sede del Procurador del Común estará provisionalmente en Valladolid, allí iniciará su andadura y, como todo, allí que­dará. Personalmente no lamenta­mos esa ubicación; ni la recla­mamos para León, pues ello no seria para esta Región, -Región Leonesa- ni tan siquiera una pro­pina autonómica.

Por supuesto que, en el Ente, no están en línea de concedemos ni ésa cuando vienen sistemáti­camente negándonos la sal, e intentan llevamos el agua -Esla, Valderaduey,  Carrión-  hacia Cas­tilla.


Alegan para seguir la centra­lización que esa institución ha de estar donde están las Cortes Autonómicas. Inocentemente preguntamos, ¿por qué las Cortes han de estar en Valladolid? y de paso recordemos que la sede de las Cortes fue la última «zana­horia» que hábilmente movieron ante nuestros ojos, en tanto se consolidaba el centralismo cas­tellano.

29 de marzo de 2016

La Junta retira su imposición de “sabor”




“Tierra de Sabor” es un invento autonómico para encerrar un poco más en el ente,  y de modo muy especial, a los leoneses y sus propias cosas relacionadas con los  productos de nuestro campo, agricultura  ganadería, en origen, o  ya transformados enrolándolos en  una lista con los castellanos, sin diferenciación, cuando no castellanizados.  
                                       

                                                  








 La actual presidenta de las Cortes autonómicas y de la Fundación Villalar, en fase política anterior de Consejera,  fue la muñidora final del sello. Nunca cayó bien entre los leoneses la sobreimposición de otra marca que no fuera la propia leonesa, pero en esas han andado los políticos llamados leoneses que pasan por todo.  A esto hice alusión en un artículo publicado en Diario de León.

Tan absurda como dañina imposición, llegaba hasta el absurdo de alcanzar como norma a los establecimientos de restauración.  La protesta leonesa, triprovincial, fue manifiesta. ¿Cómo se podía obligar a los restaurantes a incluir forzosamente en sus cartas un determinado número de productos con la marca impuesta? La Junta se ha visto obligada a retirar la obligación de que los menús llevaran “sabor a mí” (a la Junta).   

    La presidenta de las Cortes autonómicas y de la Fundación Villalar, Silvia Clemente, a la que dediqué días atrás un escrito recordando  su obra: la “tortolla” de tierra de pavor, hoy la cito además por su institucional posicionamiento, recordando otro intento con el que pretendía resaltar el 33 aniversario  de Estatuto de autonomía, y sigue, pues se han propuesto retocarle para “mejorar la vida de las personas”.

   Laudable gesto si la señora presidenta, a la que siempre veo en las fotos con rostro inexpresivo de “porcelana”, como tal aparentemente frágil, pero de seria concentración, no sé si espejo del alma, laudable digo, si la intencionalidad hacia las personas que dice moverla, no fuera como suponemos, en el mejor de los casos, continuar en un totum revolutum.

   En una de las mesas redondas, como actividad programada, y diseñada de cara a la exaltación estatutaria, precisamente en la que se recordarán las  ya llevadas a cabo, participó  Joaquín Otero, el que otrora fuera mandamás de UPL, claudicante en la anterior reforma, y, “retirado” de la política,  se dedica a la tarea asesora en el Procurador del común. En aquélla dejó su impronta. ¿Voz ahora para reformar o para reforzar el actual estatus?

   La anulación de las diputaciones, propuestas por ciudadanos  y asumida por el PSOE, les ha venido como anillo al dedo en el momento reformador estatutario, para, en el caso de León regional, contemplar el borrado de las nuestras, entregando un poco más a los leoneses a una letra estatutaria hostil por cuanto nos desconoce como pueblo.

   Sin diferenciación birregional pasaríamos a estar “entortollados” los supuestos perceptores de su dadivosa “mejora de la vida de las personas”. y rematados, por regionalmente innominados,  en la letra de la constitución nacional en vías de ser reformada.
                                
                               

14 de marzo de 2016

Diputaciones y diputados

Unas instituciones provinciales amenazadas en el actual juego político. Suprimirlas, si es por cuestión de economía presupuestaria, como se ha dicho, puede no ser necesario si los actuales políticos en puestos nacionales, autonómicos y provinciales se rebajan los sueldos. De tal modo se podía seguir con ellas atendiendo las necesidades de los ayuntamientos provinciales más desguarnecidos. En cuanto a los políticos, ejercientes en ellas, de sobra sabrán si cumplen con su cometido.    

Respecto a la de León provincia, ni más ni menos representativa que las otras dos de la región leonesa, tiene en su haber el nombre: León; y esto,  encerrados como estamos los leoneses en el ente autonómico que “nos dieron”, y nos olvida como región, tiene su aquél, el de ser o no leoneses  embozados por el ente autonómico.

Allá por el año 1994, un leonés de Zamora presidía la Diputación de León; me refiero naturalmente a Agustín Turiel. A “vuela” pluma y simplemente de pasada digo que su empeño por sacar adelante un aeropuerto en León capital debe ser recordado,  antes de centrar nuestra atención en otras actuaciones.

Cuando se agotaba el año 1994, tres días antes de la Navidad, y diez años después de la Gran Manifestación de mayo del 84,  un acontecimiento revitalizó las esperanzas autonómicas adormecidas en los leoneses. Se iba a producir una votación en la Diputación leonesa, se trataba de una moción que algunos detractores calificaron de patriótico-separatista.

Carlos de Paz, el hombre de UPL en esta institución, de larga trayectoria leonesista, siempre atento, supo aprovechar el momento en el que el socialista Turiel “jugaba” a ser leonesista, puede que por estar cansado de pelear con la Junta autonómica más que nada en temas económicos,  para la presentación de  una moción pidiendo un referéndum en el que los leoneses pudiéramos decidir sobre segregarnos del ente, o seguir.

Los partidos mayoritarios en León, PP y PSOE, no estaban prestando demasiada atención al dato, parecía impensable que UPL  pudiera sacar adelante la moción. Pero no hay enemigo pequeño, ni oportunidad que no deba aprovecharse. El día 22 de diciembre, las abstenciones de todos los diputados provinciales, supongo que, bajo un estado  dubitativo de  conciencia leonesa, a caballo entre lo que su corazón les dictaba y lo que sus jefes ideológicos pedían, con su silencio  (abstención) apoyaron la moción  de UPL. Los votos positivos, uno de Carlos de Paz, naturalmente, el otro de Agustín Turiel, marcaron el triunfo.

Como remedo, aunque primara la arrogancia de Morano, alcalde a la sazón, dando su toque uniprovincial de “solos podemos” a la moción en pro de referéndum, se aprobó en el Consistorio, no importando que los socialistas votaran no, aunque a Turiel sus compañeros le habían prometido la abstención. Sólo él y Francisco Fernández la cumplieron. De ahí que Agustín Turiel abandonara irritado el salón de plenos municipal, felicitando a de Francisco, sintiéndose un buen leonés, y puede que hasta leonesista. Una imagen, elocuente y efectista, recogida en los medios que ha resultado difícil de olvidar a quienes hemos vivido con interés lo leonés.

Francisco Saurina, PP, se abstuvo al igual que Vecín de IU. Otro voto No, fue el de Enrique Gil del PP. Lo dicho encaja dentro de un apunte superficial de cómo se movieron personas e ideas en el “coso” político, en aquella ocasión. 

En el año 2004, nuestro expresidente provincial, de rebote, pudiéramos decir sin menoscabo alguno, pasó a ser diputado nacional por la renuncia y ascenso de una compañera, fue el momento en el lanzó una propuesta para la Diputación que sorprendió a los extraños, a algunos de los propios les alarmó y no digamos a los autonomistas, tan unitaristas como uniformadores.

Proponía don Agustín que León alcanzara el estatus de región. Eso sí, dentro de la autonomía que a pesar de no cuestionarla abiertamente,  discrepaba de su cicatero comportamiento centrifugo. Pero no sólo olvidaba, sino que rechazaba ahora  aquel referéndum de segregación que apoyó según hemos recordado.

Tenía bien estudiados los detalles, tal como manifestó y se pudo comprobar por los datos que fue aportando, en tanto afirmaba que no debía ser difícil conseguir para la institución provincial leonesa el rango de regional: Diputación Regional. Asumiría ésta las competencias de la Delegación Territorial de la Junta autonómica, primera premisa.  De aplaudir la intención, pero chocaba frontalmente con la forzada dependencia a la que nos venía sometiendo el ente autonómico y él lo sabía.

El personal político adscrito a esta entidad jurídico-administrativa leonesa sería: los 14 procuradores autonómicos, que en el ente autonómico por León son, mas los 13 diputados provinciales;  elegidos todos en un novedoso sistema electoral, que previamente se habría diseñar y negociar.

En el ente  los recelos y temores suscitados se aquietaron apenas los suyos, socialista en el poder central,  no tardaron en frenarle pasando la realidad de la propuesta institución a un anecdótica virtualidad que diseñaba para León provincia, y nunca leí  que contemplara la triprovincialidad leonesa.
El Colectivo Ciudadanos Reino de León, a la vista del anuncio de la posible supresión de las diputaciones, propone, con muy buen criterio, algo que, pudiendo contener en cierto modo la propuesta “Turiel”, aúna las tres diputaciones de la Región Leonesa. 
 
Hasta los nombres que apuntan suenan bien: Diputación General del Reino de León, sencillo y directo; o Consejo General del Reino de León, no nuevo, pero con otra entidad. El número de diputados elegidos por sufragio sería de 35. Se centraría en Zamora y las otras dos provincias tendrían su delegación correspondiente.

Entienden que,  como base, bien está apoyarse en el acuerdo de colaboración de las tres diputaciones firmado en diciembre pasado. Claro, de momento, todo dentro de la Comunidad, que si no admite segregaciones de hecho, tampoco va a permitirlas encubiertas. Manejar nuestros recursos regionales leoneses, supondría también contar en el presupuesto comunitario con los recursos dinerarios correspondientes a las tres provincias que serían el Consejo…


Por intentarlo, como transición hacia la propia autonomía, suena bien, al menos como posible forma de salvar nominación y pervivencia regional. Que haya colaboración política no tanto. Y, ¿el Pueblo Leonés está en vigor para pedir lo suyo?, es otra interrogante y no menor. En el movimiento asociativo cultural, leonesista si se quiere, o más general y amplio del “ser leonés”,  pueden están los fundamentos.             

18 de diciembre de 2015

El espíritu leonés por Navidad


Nadie como Chema Vicente, para saber captar el sentimiento leonés, en sus fotos, dibujos y composiciones, como podemos observar en ésta.

Con ella quiero expresar mis mejores deseos de Navidad al lector, por supuesto sin limitaciones, pero permítaseme que lo haga de modo especial, como señal de agradecimiento a  cuant@s, más o menos ocasionalmente, leen mis páginas.

El contenido que sigue, como casi siempre, va adornado de un toque reivindicatico.





No faltan quienes afirman que toda Navidad tiene su espíritu. Si éste viene a ser algo así como amor y concordia, y en su defecto respeto y buenas intenciones entre los humanos en cada lugar y con más amplia proyección si se desea, aplaudo a tal espíritu y hasta lo invoco, aunque no sea más duradero que las propias fiestas. Pero, leoneses, nosotros, herederos de un pasado medieval bien luchado, un Reino que ensayó el parlamentarismo, un pueblo que tomó y defendió libertades, tenemos nuestro propio espíritu. Si bien para nuestro desdoro estamos permitiendo que otros nos lo traten de arrebatar, no su esencia pero sí  su nominación.  

Dicen, aunque en voz baja, saliéndose del estilo publicitario que alimenta la fábrica germinal de identidades denominada Villalar, tan inútil como costosa, que,  vigilante  allí en los archivos del instinto centralista, entre documentos que lejos de esclarecer lo leonés lo emborronan, fluye irreductible por doquier,  el etéreo aliento, cual lengua de fuego de un reino, un genuino espectro que bien pudiera identificarse con el espíritu del “ser leonés”, hábil y escurridizo, siempre por apresar.  Las cadenas no son para él, si acaso para amarrar al fantasma identitario imaginario que el ente alimenta.

Nuestro espíritu, siempre activo, se esconde y camufla para evitar su incorporación,  como  levadura imprescindible,  a la probeta política de las vanidades creadoras, donde, letra a letra gentilicias,   tratan de componer una identidad para “su” comunidad. Y su real presencia, esfuerzo baldío, en modo alguno queda encarcelado en el puzle de letras del ente castellanoleonés, tan negado como simple, un vulgar amancebamiento inane.




Apresarle no es tarea fácil,  en el nuevo bunker de una Fundación con sueños de grandeza, su hormigonado recinto resulta insuficiente; cualquier leonés que allí acuda, cual rara avis,  a las dependencias oficiales, nada puede encontrar en la gran instalación del  costoso cero más absoluto, no lo puede percibir, pues va con él, es su don.  No así los asalariados exégetas, los creadores de historietas de una falsa realidad, de tergiversadores de pasajes históricos, insultantes nominaciones y personajes deformados con rasgos que tienden  al menosprecio de lo leonés, pues son los que siente en su entorno el defensivo soplo del espíritu al que con miles de artimañas tratan de dominar plasmado en letras, pero sin alma, que es patrimonio de un pueblo, Pueblo Leonés, que no se vende.

En nuestros lares, intangible como buen espíritu, no lo es de temporada como el de la Navidad, que por supuesto no rechaza, ni trata de humillar, comparte y acompaña para la ocasión. Perenne está simbolizado en todo lo leonés, historia, cultura, tradiciones... especialmente vigilante en:


Lábaro leonés que nunca se humilla, Pendón flamante donde los haya,  que desde sus legendarios paños lanza al aire que le hace ondear, las esencias más puras leonesas.

Enhiesto, cuando, bien sujeto por el esforzado pendonista, se consigue la verticalidad orgullosa que la tradición demanda en el Reino de León, es su territorio, hasta alcanzar e inundar el ánima del pueblo.

Ofrenda incuestionada, inalienable por propia, insustituible.


Noble presencia, leal, generosa, que las cuatro letras mayúsculas custodian.

Sí, ya sé, falta un acento, pero nuestro espíritu leonés va más allá de un simple tilde, especialmente en la Navidad, cuando nos congratulamos de la sutil presencia   que  no resulta difícil identificar dando aliento a nuestro más genuino Ramo Leonés. Ahí sí que goza de predicamento, moviéndose entre  los adornos, prestando al conjunto su esencia, como verdadero fermento. No busca la ampulosidad  del Ramo, ni la calidad de los adornos, pues cuanto más sencillos, más costumbristas, más se nutren del “ser leonés” que todos los leoneses llevamos dentro,  enclaustrado en el individualismo que se ha de vencer, si queremos dar fe de él, para mostrarlo y compartirlo.

Leonesas, Leoneses, a todos os deseo



¡¡¡Feliz Navidad 2015!!!