14 de marzo de 2016

Diputaciones y diputados

Unas instituciones provinciales amenazadas en el actual juego político. Suprimirlas, si es por cuestión de economía presupuestaria, como se ha dicho, puede no ser necesario si los actuales políticos en puestos nacionales, autonómicos y provinciales se rebajan los sueldos. De tal modo se podía seguir con ellas atendiendo las necesidades de los ayuntamientos provinciales más desguarnecidos. En cuanto a los políticos, ejercientes en ellas, de sobra sabrán si cumplen con su cometido.    

Respecto a la de León provincia, ni más ni menos representativa que las otras dos de la región leonesa, tiene en su haber el nombre: León; y esto,  encerrados como estamos los leoneses en el ente autonómico que “nos dieron”, y nos olvida como región, tiene su aquél, el de ser o no leoneses  embozados por el ente autonómico.

Allá por el año 1994, un leonés de Zamora presidía la Diputación de León; me refiero naturalmente a Agustín Turiel. A “vuela” pluma y simplemente de pasada digo que su empeño por sacar adelante un aeropuerto en León capital debe ser recordado,  antes de centrar nuestra atención en otras actuaciones.

Cuando se agotaba el año 1994, tres días antes de la Navidad, y diez años después de la Gran Manifestación de mayo del 84,  un acontecimiento revitalizó las esperanzas autonómicas adormecidas en los leoneses. Se iba a producir una votación en la Diputación leonesa, se trataba de una moción que algunos detractores calificaron de patriótico-separatista.

Carlos de Paz, el hombre de UPL en esta institución, de larga trayectoria leonesista, siempre atento, supo aprovechar el momento en el que el socialista Turiel “jugaba” a ser leonesista, puede que por estar cansado de pelear con la Junta autonómica más que nada en temas económicos,  para la presentación de  una moción pidiendo un referéndum en el que los leoneses pudiéramos decidir sobre segregarnos del ente, o seguir.

Los partidos mayoritarios en León, PP y PSOE, no estaban prestando demasiada atención al dato, parecía impensable que UPL  pudiera sacar adelante la moción. Pero no hay enemigo pequeño, ni oportunidad que no deba aprovecharse. El día 22 de diciembre, las abstenciones de todos los diputados provinciales, supongo que, bajo un estado  dubitativo de  conciencia leonesa, a caballo entre lo que su corazón les dictaba y lo que sus jefes ideológicos pedían, con su silencio  (abstención) apoyaron la moción  de UPL. Los votos positivos, uno de Carlos de Paz, naturalmente, el otro de Agustín Turiel, marcaron el triunfo.

Como remedo, aunque primara la arrogancia de Morano, alcalde a la sazón, dando su toque uniprovincial de “solos podemos” a la moción en pro de referéndum, se aprobó en el Consistorio, no importando que los socialistas votaran no, aunque a Turiel sus compañeros le habían prometido la abstención. Sólo él y Francisco Fernández la cumplieron. De ahí que Agustín Turiel abandonara irritado el salón de plenos municipal, felicitando a de Francisco, sintiéndose un buen leonés, y puede que hasta leonesista. Una imagen, elocuente y efectista, recogida en los medios que ha resultado difícil de olvidar a quienes hemos vivido con interés lo leonés.

Francisco Saurina, PP, se abstuvo al igual que Vecín de IU. Otro voto No, fue el de Enrique Gil del PP. Lo dicho encaja dentro de un apunte superficial de cómo se movieron personas e ideas en el “coso” político, en aquella ocasión. 

En el año 2004, nuestro expresidente provincial, de rebote, pudiéramos decir sin menoscabo alguno, pasó a ser diputado nacional por la renuncia y ascenso de una compañera, fue el momento en el lanzó una propuesta para la Diputación que sorprendió a los extraños, a algunos de los propios les alarmó y no digamos a los autonomistas, tan unitaristas como uniformadores.

Proponía don Agustín que León alcanzara el estatus de región. Eso sí, dentro de la autonomía que a pesar de no cuestionarla abiertamente,  discrepaba de su cicatero comportamiento centrifugo. Pero no sólo olvidaba, sino que rechazaba ahora  aquel referéndum de segregación que apoyó según hemos recordado.

Tenía bien estudiados los detalles, tal como manifestó y se pudo comprobar por los datos que fue aportando, en tanto afirmaba que no debía ser difícil conseguir para la institución provincial leonesa el rango de regional: Diputación Regional. Asumiría ésta las competencias de la Delegación Territorial de la Junta autonómica, primera premisa.  De aplaudir la intención, pero chocaba frontalmente con la forzada dependencia a la que nos venía sometiendo el ente autonómico y él lo sabía.

El personal político adscrito a esta entidad jurídico-administrativa leonesa sería: los 14 procuradores autonómicos, que en el ente autonómico por León son, mas los 13 diputados provinciales;  elegidos todos en un novedoso sistema electoral, que previamente se habría diseñar y negociar.

En el ente  los recelos y temores suscitados se aquietaron apenas los suyos, socialista en el poder central,  no tardaron en frenarle pasando la realidad de la propuesta institución a un anecdótica virtualidad que diseñaba para León provincia, y nunca leí  que contemplara la triprovincialidad leonesa.
El Colectivo Ciudadanos Reino de León, a la vista del anuncio de la posible supresión de las diputaciones, propone, con muy buen criterio, algo que, pudiendo contener en cierto modo la propuesta “Turiel”, aúna las tres diputaciones de la Región Leonesa. 
 
Hasta los nombres que apuntan suenan bien: Diputación General del Reino de León, sencillo y directo; o Consejo General del Reino de León, no nuevo, pero con otra entidad. El número de diputados elegidos por sufragio sería de 35. Se centraría en Zamora y las otras dos provincias tendrían su delegación correspondiente.

Entienden que,  como base, bien está apoyarse en el acuerdo de colaboración de las tres diputaciones firmado en diciembre pasado. Claro, de momento, todo dentro de la Comunidad, que si no admite segregaciones de hecho, tampoco va a permitirlas encubiertas. Manejar nuestros recursos regionales leoneses, supondría también contar en el presupuesto comunitario con los recursos dinerarios correspondientes a las tres provincias que serían el Consejo…


Por intentarlo, como transición hacia la propia autonomía, suena bien, al menos como posible forma de salvar nominación y pervivencia regional. Que haya colaboración política no tanto. Y, ¿el Pueblo Leonés está en vigor para pedir lo suyo?, es otra interrogante y no menor. En el movimiento asociativo cultural, leonesista si se quiere, o más general y amplio del “ser leonés”,  pueden están los fundamentos.             

18 de diciembre de 2015

El espíritu leonés por Navidad


Nadie como Chema Vicente, para saber captar el sentimiento leonés, en sus fotos, dibujos y composiciones, como podemos observar en ésta.

Con ella quiero expresar mis mejores deseos de Navidad al lector, por supuesto sin limitaciones, pero permítaseme que lo haga de modo especial, como señal de agradecimiento a  cuant@s, más o menos ocasionalmente, leen mis páginas.

El contenido que sigue, como casi siempre, va adornado de un toque reivindicatico.





No faltan quienes afirman que toda Navidad tiene su espíritu. Si éste viene a ser algo así como amor y concordia, y en su defecto respeto y buenas intenciones entre los humanos en cada lugar y con más amplia proyección si se desea, aplaudo a tal espíritu y hasta lo invoco, aunque no sea más duradero que las propias fiestas. Pero, leoneses, nosotros, herederos de un pasado medieval bien luchado, un Reino que ensayó el parlamentarismo, un pueblo que tomó y defendió libertades, tenemos nuestro propio espíritu. Si bien para nuestro desdoro estamos permitiendo que otros nos lo traten de arrebatar, no su esencia pero sí  su nominación.  

Dicen, aunque en voz baja, saliéndose del estilo publicitario que alimenta la fábrica germinal de identidades denominada Villalar, tan inútil como costosa, que,  vigilante  allí en los archivos del instinto centralista, entre documentos que lejos de esclarecer lo leonés lo emborronan, fluye irreductible por doquier,  el etéreo aliento, cual lengua de fuego de un reino, un genuino espectro que bien pudiera identificarse con el espíritu del “ser leonés”, hábil y escurridizo, siempre por apresar.  Las cadenas no son para él, si acaso para amarrar al fantasma identitario imaginario que el ente alimenta.

Nuestro espíritu, siempre activo, se esconde y camufla para evitar su incorporación,  como  levadura imprescindible,  a la probeta política de las vanidades creadoras, donde, letra a letra gentilicias,   tratan de componer una identidad para “su” comunidad. Y su real presencia, esfuerzo baldío, en modo alguno queda encarcelado en el puzle de letras del ente castellanoleonés, tan negado como simple, un vulgar amancebamiento inane.




Apresarle no es tarea fácil,  en el nuevo bunker de una Fundación con sueños de grandeza, su hormigonado recinto resulta insuficiente; cualquier leonés que allí acuda, cual rara avis,  a las dependencias oficiales, nada puede encontrar en la gran instalación del  costoso cero más absoluto, no lo puede percibir, pues va con él, es su don.  No así los asalariados exégetas, los creadores de historietas de una falsa realidad, de tergiversadores de pasajes históricos, insultantes nominaciones y personajes deformados con rasgos que tienden  al menosprecio de lo leonés, pues son los que siente en su entorno el defensivo soplo del espíritu al que con miles de artimañas tratan de dominar plasmado en letras, pero sin alma, que es patrimonio de un pueblo, Pueblo Leonés, que no se vende.

En nuestros lares, intangible como buen espíritu, no lo es de temporada como el de la Navidad, que por supuesto no rechaza, ni trata de humillar, comparte y acompaña para la ocasión. Perenne está simbolizado en todo lo leonés, historia, cultura, tradiciones... especialmente vigilante en:


Lábaro leonés que nunca se humilla, Pendón flamante donde los haya,  que desde sus legendarios paños lanza al aire que le hace ondear, las esencias más puras leonesas.

Enhiesto, cuando, bien sujeto por el esforzado pendonista, se consigue la verticalidad orgullosa que la tradición demanda en el Reino de León, es su territorio, hasta alcanzar e inundar el ánima del pueblo.

Ofrenda incuestionada, inalienable por propia, insustituible.


Noble presencia, leal, generosa, que las cuatro letras mayúsculas custodian.

Sí, ya sé, falta un acento, pero nuestro espíritu leonés va más allá de un simple tilde, especialmente en la Navidad, cuando nos congratulamos de la sutil presencia   que  no resulta difícil identificar dando aliento a nuestro más genuino Ramo Leonés. Ahí sí que goza de predicamento, moviéndose entre  los adornos, prestando al conjunto su esencia, como verdadero fermento. No busca la ampulosidad  del Ramo, ni la calidad de los adornos, pues cuanto más sencillos, más costumbristas, más se nutren del “ser leonés” que todos los leoneses llevamos dentro,  enclaustrado en el individualismo que se ha de vencer, si queremos dar fe de él, para mostrarlo y compartirlo.

Leonesas, Leoneses, a todos os deseo



¡¡¡Feliz Navidad 2015!!!

29 de noviembre de 2015

Momentos Dúviz, otro leonesismo

Cuando ayer pude ver la fotografía  en blanco y negro de otros tiempos, publicada por David Díez Llamas, (siempre en la  vanguardia leonesista) de aquellos momentos leonesistas de gran actividad defensiva, recordé que allá por los noventa,, cuando luchábamos contra el ente, escribí un artículo dedicado a este personaje leonés de la foto...

 Dije entonces:


DÚVIZ,  EN EL RECUERDO DE UN LEONESISTA


No conocí su nom­bre hasta que leí en La Crónica 16 del día 26-9-94 la noticia de su defun­ción y el     correspondiente pane­gírico laudatorio, merecido a todas luces. Era su gracia, que diría el clásico, y aquí se pue­den tomar por buenas las dos acepciones de la palabra, Julio González Dúviz.

La fotografía que de él vi. en el periódico, inmediatamente puso en movimiento el reciclaje memorístico de recuerdos y personajes, pues intuía que éste, aparecería entre ellos. Así fue, la estampa era aún nítida; sobre la fuente de Neptuno en el Jardín de San Francisco, como a un metro del suelo, en el perimetral borde de ella, agi­tando una bandera de León y estimulando con potente voz, que además era perentoria en su demanda, y dirigiéndose a los leoneses de cara a él agol­pados.  Estaba, incansable, aquél sorprenden­te personaje. instándonos a corear «Autonomía para León», «León sin Castilla»... pidiendo autonomía propia y gritando «denuestos», livianos denuestos, contra la Castilla avasalladora del manso político León.

Personalmente, sentía en aquellos momentos un gran agradecimiento hacia ese leo­nés que nos provocaba, una vez tras otra, a continuar coreando consignas en defensa de una autonomía leonesa sin Castilla, al finalizar aquella primera manifestación leonesista que el señor Martín Villa, «creador» de este Ente mixto, llamado Cas­tilla y León, había «sugerido»a la primera autoridad provin­cial, la encaminara por calles anodinas, desde el punto de vis­ta político-reivindicativo, haciéndola finalizar en un «be­llo jardín», pero solitario o con niños y de poca o nula entidad como tribuna social reivindi­catoria.

¿Puede haber cosa más her­mosa para un político leonés de verdad que ver a su pueblo, permitir a su pueblo, pasear su justa reivindicación por el cen­tro de la ciudad? Pero claro, oyendo y viendo manifestarse al pueblo, se corría el riesgo de tener que dejar a un lado las «razones de estado» y dar a esta región lo que histórica y constitucionalmente le corres­pondía y el pueblo le deman­daba, ¡autonomía propia!

Volvamos al personaje de la estampa leonesista. Como mi ardor pro-León y, supongo que el de todos los presentes, nos decía que estaba transcurrien­do la manifestación por los insí­pidos cauces políticos que la «autoridad» deseaba, no con­tagiando, no informando, sos­layando con esta ruta el paso por lugares céntricos donde se hubieran sumado más y más miembros al entender las razo­nes «voceadas», no deseába­mos que el fin de ésta fuera de pobre cosecha y en este «jar­dín de los frailes».

Así que veía en la figura generosa, potente, hábilmente conductora y de «agitador» nato de aquel leonés, para mí anónimo, la tabla de salvación del orgullo leonés, que quería manifestarse perseverantemen­te reivindicativo ahora y para siempre.

Tal vez, siguiendo con nuestro reivindicar, nuestras voces, nuestros gritos, que él buscaba con ahínco, mediante la voz, el gesto y el ondear del «León» de su bandera, empa­pásemos las verdes hojas del romántico jardín, y éstas pudie­ran llevar a lomos del viento leonés el mensaje, el SOS de un pueblo que se negaba a entrar «por decreto» en un Ente indeseado.

No lo supe y todavía hoy lo desconozco, si Dúviz, ahora aunque tarde pue­do decir su nombre, era leo­nesista, simplemente leonés, o un gran artista de la escena popular o un «animador» socio-político-lúdico; tampoco me importa demasiado ese extremo, pero sí decir que guardo un emocionado y agra­decido recuerdo de él, de su ondear de la bandera leonesa, enardecedor, de su requeri­miento coreístico de consignas, que el momento leonés nece­sitaba, exigiendo lo nuestro. Gracias, Julio González Dúviz por tu defensa, contagiosamen­te optimista, de León y lo leo­nés, descansa en paz.

(La Crónica 16 de León 25.10.1994)

27 de noviembre de 2015

Además de vistosidad, ¿qué?


El alcalde de Valladolid quiere que los pendones de León visiten su plaza Mayor

El alcalde de Valladolid, Óscar Puente, anunció este jueves que trabaja con el alcalde de León, Antonio Silván, para que los tradicionales pendones de la provincia leonesa visiten la plaza Mayor de Valladolid.

He aquí una noticia con la que se abren algunos interrogantes.
Los voy a anunciar, como mi punto de vista, pero no sin antes dejar dicho que no veo en Silván, castellanoleonés por designio político y bien asumido, y su escaso bagaje a favor de León durante sus mandatos autonómicos, por no decir rotundamente ¡ninguno!, y dada su trayectoria autonomista amancebadora, no veo en él digo, como a un interlocutor válido para representar lo tradicional leonés y tomar decisiones. 
Luego está lo de ir a Valladolid. La afinidad entre  ambas ciudadanías podemos decir que es nula. Para saber si procede la apertura hacia allí de lo propiamente leonés, que viene siendo ninguneado por el ente, es necesario conocer cuál es el planteamiento del actual alcalde de Valladolid, no vaya a ser que encubra una maniobra de castellanización o sometimiento.  Y conste que no veo fantasmas, simplemente dudo del ente autonómico.
Quién  o quiénes han de ser por parte de los pendoneros de León provincia, si tan sólo es a ésta a la que hace el ofrecimiento de la visita, los que han de dialogar y decidir. Han de saber contar con el pueblo, teniendo presente a la Región Leonesa, pues puede ser una ocasión muy importante para la diferenciación regional,  pero sopesando que exista  un oculto sometimiento. Y así las cosas, puede que la exhición no deba ser entendia como intercambio cultural, si además no existe beneficio alguno para lo leonés, dada nuestra coyuntura negativa autonómica, y tan sólo  orgullo personal de cada cual con su enseña.


Y en este momento tengo por conveniente decir que siendo los pendones de un reino, Reino de León, todos y cada uno de ellos lo representan, este deseo debe estar en la voluntad popular de cada pendonero, y en los miembros de la localidad que lo conserva, cuando deciden izarlo festivamente. Y más aún lo sería si hubiera una puesta en común interprovincial o regional. 
Puesta en común por la que vengo abogando, no solo para esta materia, sino para todas las que nos definen como pueblo, Pueblo Leonés, que no sabemos concitar en cada oportunidad, que como en ésta, que a lo mejor debemos considerar como rechazable, y en otras similares donde podíamos lucir palmito de unión, confraternidad y decisión regional leonesa compartida, dejamos pasar, hacemos guerras particulares, o no medimos las consecuencias de futuro, más allá del momento de exaltación o exhibición.